Decir no a los demás y a uno mismo

Por: Sergi Rodrígues
12-04-2020 11:28

Con los años me he dado cuenta que detrás de muchos comportamientos que aparentemente parecen estúpidos o fruto de la ignorancia hay una incapacidad para decir no a los demás o a uno mismo.

Decir no a los demás

La presión social tiene diversas formas en el día a día:

  • Desde el núcleo familiar que espera que uno siga cierta carrera profesional, o que viva en un entorno físico cercano, etc.
  • Pasando por círculos de trabajo o de amistades, que te piden que no hagas ciertas cosas o que hagas otras que tú crees que no te convienen o no te interesan
  • Hasta la influencia de terceros anónimos: modas para vestir, para usar ciertos hábitos (bicicleta versus vehículo de motor), modismos lingüísticos absurdos, etc...

La presión social -como casi todo en este universo- tiene sus ventajas, pero también tiene sus inconvenientes si no se tiene el conocimiento y el control adecuado.

La principal ventaja de la presión social es que nos sirve de guía cuando no sabemos qué hacer en una situación concreta en la que hay que decidir algo, o también para hacernos corregir nuestras acciones (o la falta de ellas) cuando nos hemos desviado demasiado de la conveniencia del resto o incluso la  propia.

Ejemplo: los padres y educadores de la infancia y juventud son un referente sin el cuál literalmente creceríamos como animales salvajes. Creo que no hace falta explicarlo mucho. En el entorno laboral y en las relaciones grupales en general también la presión social nos ayudará a saber cómo proceder para integrarnos en una dinámica común que debe ser construida entre todos, no por uno ni otro, sino entre todos. Es una presión recíproca y dinámica.

El principal inconveniente  de la presión social es que uno decida no usar su propia percepción de la realidad y su propia experiencia y conocimiento para en un momento dado llevar la contraria al resto si percibe que convendría hacerse las cosas de manera diferente, para el bien de los otros o de uno mismo (aunque normalmente va parejo).

Ejemplo: cuando muchos jóvenes siguen la carrera profesional que sus papás prefieren aunque a ellos mismos les disguste (!). Lo he visto en más de una ocasión, no diré nombres. Otro ejemplo: cuando la gente cambia de móvil (o PC, o TV, o automóvil) antes de que el que tiene actualmente deje de funcionar, nada más que porqué así cree que los demás le verán co mejores ojos, aún y sabiendo que este cambio de terminal tiene dos consecuencias nefastas para el meido ambiente: el terminal desechado acabará en un vertedero mucho antes de lo necesario contaminando acuíferos, y las empresas mineras seguirán extrayendo muchos más minerales (oro, litio, etc...) de nuestro territorio, contaminando de forma brutal acuíferos y ríos de donde sale el agua que bebemos, cultivamos, etc...

A la falta de poder personal suficiente para decir no a los demás los psicólogos le llaman falta de asertividad.

Es cierto que se usa más bien en un entorno conversacional: saber decir no a la cara, defendiendo el criterio y el punto de vista propio. Claro, no necesariamente significa lo mismo que pensar que uno siempre tiene la razón, ¡no! Significa simplemente sentirse lo suficientemente seguro como cuanto menos no quedarse callado; en lugar de callar tu propio criterio, saber establecer un diálogo sereno de puntos de vista entre tú y quien tengas delante, obviamente sabiendo que cualquiera de los dos puede estár equivocado -o puede tener parte de razón- y estar dispuesto a aceptarlo en un momento dado, y rectificar.

Pero el concepto de asertividad quiero extenderlo al plano de la toma de decisiones personales: si tienes que decidir si estudiar lo que a ti te atrae más o lo que tus padres deesean e insisten (incluso algunos premian o sobornan o amenazan!), es sumamente asertivo saber encontrar esa serenidad interior que te permite contrastar tus argumentos con los suyos y tomar una decisión acorde al resultado de ese contraste que tú haces, no que hacen los demás.

 

Saber decir no a uno mismo

En otras palabras: saber enfrentar la flojera o pereza de toda la vida. También saber enfrentar el capricho cuando este nos perjudica de algún modo. Fíjate que no digo el capricho en general, sino el capricho cuando después de evaluadas sus consecuencias vemos que nos puede perjudicar (nuestro dinero disponible, nuestra desatención a un quehacer más importante, etc...).

En el lado extremo estarían los estoicos (ciertos filósofos de la Grecia Antigua), que se empeñaban en llevar una vida austera y sacrificada. Y digo en el otro extremo porqué realmente es tan pernicioso como la excesiva auto-complacencia.

En este plano personal, creo que lo más conveniente es adaptar los hábitos que he expuesto en el punto anterior en referencia a decir no a los demás: acostumbrarnos a evaluar las causas y las consecuencias de cada una de las alternativas de acción que tenemos en el momento de tomar una decisión y escoger -de forma honesta con uno mismo- la que creemos que es más conveniente.

Y tal vez dirás, "vaya, pero eso es lo que se oye más sensato, ¿no?" Pues sí, si hasta ahí todos llegamos. Y por eso empecé esta publicación diciendo que no es un problema de ignorancia cuando la gente no hace lo que debería hacer incluso por su propia conveniencia. La mayoría de las veces no es ignorancia, es indisciplina para tomar el camino conveniente en lugar del camino fácil.

 

El experimento del dulce, con niños de 5 años

Ya para acabar, quiero resumir muy brevemente un experimento que se hizo en una universidad de psicología en USA en los años 70 que después fue retomado en los 90 con resultados aturdidores en relación a lo que he tratado de explicar arriba. A día de hoy, este experimento se explica en el primer curso de cualquier facultad de psicología del mundo. Incluso encontrarás documentales sobre el mismo. Es simplemente fascinante.

  • En los años 70, unos investigadores quisieron estudiar cómo los niños enfrentan un momento de decisión personal en el que pueden salir premiados si son lo suficientemente disciplinados.

    El experimento es bien simple: sientan al niño en una sala con cámara oculta delante de una mesa con un dulce (bombón, nube...) en un plato. El investigador le dice que él tiene que salir de la sala y que regresa en pocos minutos, y le dará un segundo dulce si cuando regrese no se ha comido el que ahora le han puesto en el plato.

    Puedes imaginarte el resultado: hay niños que se lo comen y otros no. Si buscas vídeos sobre el comportamiento de los niños verás que es bien divertido. Algunos hacen lo indecible por no comérselo: le dan la espalda, lo tocan, le hablan (!), jejeje.
     
  • Sin embargo, lo más interesante viene ahora: unos 20 años después, otro investigador de la misma universidad encuentra este primer estudio y se pregunta qué habrá sido de esos niños y si su posición actual (profesión, familiar, laboral, dinero, etc...), ¿tendrá alguna relación con si se comieron o no el dulce 20 años atrás?

    Decide buscar y averiguar esa información, y el resultado es simplemente inesperado. Verosímil pero contundentemente inesperado: la correlación entre el nivel de éxito preofesional/laboral (ejem... "cuánto dinero ganan") y el hecho de que se comieran el dulce (con cinco años de edad!!!!) era mucho mayor que la correlación con otras variables supuestamente más aceptadas: el Coeficiente Intelectual y otras pruebas clásicas en psicología.
     

¿No te parece REVELADOR este resultado? La disciplina de un niño a los cinco años para contenerse en comer un dulce para obtener un segundo dulce marca de forma clara su éxito y desempeño eficaz en la vida de adulto.

Vaya, yo creo que esto lo dice todo.

Espero que ahora te cueste menos decirte NO a ti mismo. Una vez que lo consigas, te costará mucho menos decir no a los demás.

Etiquetas : psicología

Comentarios 0 Visitas 16

Comentarios


Añada su comentario:

(pregunta anti-robots)

Enviar